DON JOAQUIN GARCIA ICAZBALCETA

 

 

DON JOAQUIN GARCIA ICAZBALCETA

DON JOAQUIN GARCIA ICAZBALCETA

 
 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Historiador Mexicano: En el año de 1883 el arzobispo de México don Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos. Lamo al historiador católico don Joaquín García Icazbalceta pidiéndole que investigara todo lo referente a Juan Diego y las apariciones, con el propósito de canonizar a Juan Diego (pues a pesar de que ya habían pasado cientos de años del inicio de esa devoción pero el Vaticano no reconocía como algo verídico el relato de las apariciones del Tepeyac) y como el señor Icazbalceta ya era un historiador de renombre y unos años antes él había sacado una bibliografía del primer obispo y arzobispo de México Zumárraga, el arzobispo consideró que la persona indicada para ese trabajo era Icazbalceta.

 

 El historiador no acepto hacer ese trabajo y como excusa dijo que el no era teólogo no-canonista, insistió el arzobispo diciéndole que no le pedía su opinión como teólogo ni canonista, sino como persona muy documentada en la historia eclesiástica de su país. Y añadió:

“QUE SE LO ROGABA COMO AMIGO Y SE LO ORDENABA COMO PRELADO” 

Cediendo el señor Icazbalceta, le entregaron las Pruebas de la aparición y los testimonios que tenían a su alcance, Icazbalceta los estudio y después de unos meses contesto, en octubre del mismo año con una carta cerrada la cual ruega al señor obispo que no la de a conocer, porque en ella se alcanza a notar que a Icazbalceta lo pusieron entre la espada y la pared pues tenia que escoger entre su credo y su estudio y como dijimos al principio una es la leyenda y otra la historia. Pero el señor Icazbalceta puso como condición que estudiaría la aparición:

 “BAJO EL ASPECTO HISTÓRICO”

La carta Icazbalceta, fue un pequeño fuego que a encendido un gran bosque de preguntas que los maestros apologistas guadalupanos no han podido apagar con todo y su estudio, porque esa carta contiene NO UN ATAQUE pero si trae una verdad que en parte entristeció al mismo escritor, en esa carta da a conocer un silencio historiográfico en personas contemporáneas al hecho o llamémosle seudo-hecho, y las personalidades que el encontró mudas al hecho fueron: frailes, virreyes, historiadores, y un gran numero de personas! Claro todos católicos.

 Veamos un fragmento de la carta del señor Icazbalceta que la entrego al obispo en 1883, pero que se publico después de la muerte de ambos en “1896″.

 

 “L A    C A R T A”

(Octubre, 1883)

 

     ILMO. Señor:

Me manda V.S.I. que le dé mi opinión acerca de un manuscrito que se ha servido enviarme, intitulado: Santa Maria de Guadalupe de México, Patrona de los mexicanos. La verdad sobre la aparición de la virgen del Tepeyac, sobre su pintura en la capa de Juan Diego, para extender, si posible fuera, por el mundo entero el amor y culto de nuestra Señora.

 

Quiere también V.S.I. que juzgue yo esta obra únicamente bajo el aspecto histórico y así tendría que ser de todos modos, pues no estando yo instruido en las ciencias eclesiásticas, seria temeridad que calificara el escrito en lo que tiene de teológico y canónico…

 

El primer testigo de la aparición debería ser el Ilmo. señor Zumárraga a quien se le atribuye papel tan principal en el suceso y en las subsecuentes colocaciones y traslaciones de la imagen. Pero en los muchos escritos suyos que conocemos no hay la más ligera alusión al hecho o a las ermitas; ni siquiera se encuentra una sola vez el nombre de Guadalupe.

 

Tenemos sus libros de doctrina, cartas pareceres, una exhortación pastoral, dos testamentos y una información de sus buenas obras.

 

Ciertamente no conocemos todo cuanto salió de su pluma, ni es racional exigir tanto; pero si absolutamente nada dijo en lo mucho que tenemos, es suposición gratuita afirmar que en otro papel cualquiera de los que aun no se hallan, refirió el suceso.

 

Si el señor Zumárraga hubiera sido testigo favorecido de tan gran prodigio, no se habría contentado con escribirlo en un solo papel sino que le habría proclamado por todas partes, y señaladamente en España, a donde paso el año siguiente; habría promovido el culto con todas sus fuerzas, aplicándole una parte de las rentas que expedía con tanta liberalidad; alguna manda o recuerdo dejaría al santuario en su testamento; algo dirían los testigos de la información que se hizo a cerca de sus buenas obras; En la elocuente exhortación que dirigió a los religiosos para que acudieran a ayudarle en la conversión de los naturales venia muy al caso, para alentarlos, la relación de un prodigio que patentizaba la predilección con que la madre de Dios veía a aquellos neófitos. Pero nada, absolutamente nada en parte alguna.

 

En las varias doctrinas que imprimió, tampoco hay mención del prodigio. Lejos de eso, en la regla cristiana de 1547, se encuentran estas significativas palabras:

 

 

“Ya no quiere el redentor del mundo que se hagan milagros porque no son menester, pues esta nuestra santa fe tan fundada por tantos millares de milagros como tenemos en los testamentos viejo y nuevo”

 

¿Cómo decía eso el que había presenciado tan gran milagro?

FRAY JUAN DE ZUMARRAGA, SEUDO TESTIGO

 

Parece que el autor de la nueva apología no conoce los escritos del señor Zumárraga, pues nunca los cita y solamente asegura que si nada dijo en ello, dijo bastante con sus hechos levantando la ermita, trasladando la imagen. Es necesario decir, para de una vez, que todas estas construcciones de ermitas y traslaciones de la imagen no tiene fundamento alguno histórico. Todavía el autor discute la posibilidad de que el señor Zumárraga hiciera una de esas procesiones a fines de l533, siendo ya cosa probada con documentos fehacientes que estaba entonces en España y que volvió a México por octubre de 1534.

 

 

 

 

 

 

 

 

 Si del señor Zumárraga pasamos a su inmediato sucesor, el señor Montüfar, a quien se atribuye parte principal en las erecciones de ermitas y traslaciones de la imagen, hallaremos que en 1569 y 70 remitió por orden del visitador del consejo de Indias, don Juan de Ovando, una copiosa descripción de su Arzobispado (que tengo original), en la cual se da cuenta de las iglesias de la ciudad sujetas a la mitra, y para nada se menciona la ermita de Guadalupe, por pequeña que fuese, lo ilustre de su origen y la imagen celestial que encerraba, merecía muy bien una mención especial con la correspondiente noticia del milagro.

 

Interrogando a los primeros religiosos, los hallaremos igualmente mudos.

 

Fray Toribio de Motolinia escribió en 1541 su “Historia De los Indios de la Nueva España” donde refiere varios favores celestiales otorgados a los indios; mas no aparece nunca en ella el nombre de Guadalupe. Lo mismo sucede en otro manuscrito de la obra que poseo, muy diferente del impreso.

 

Tampoco se halla cosa alguna en la carta del V. Gante, del señor Fuenleal, de D. Antonio de Mendoza, y de otros muchos obispos, virreyes, oidores y personajes, que últimamente se han publicado en las “Cartas de Indias” y en la voluminosa “Colección de Documentos inéditos del Archivo de Indias”.

 

Fray. Bartolomé de las Casas estuvo aquí en los años de 1538 y 1546 indudablemente conoció y trato al señor Zumárraga, pues ambos asistieron a la junta de 1546; De su boca pudo oír la relación del milagro. Con todo, en ninguno de sus muchos escritos habla del, y eso que le habría sido tan útil para esforzar su enérgica defensa de los indios.  

 

¡Que efecto no habría producido en los católicos monarcas españoles la prueba de que la virgen santísima tomaba bajo su especial protección la raza conquistada! ¡Que argumento contra los que llegaron a dudar de la racionalidad de los indios y los pintan llenos de vicios e incapaces de sacramentos!

 

Fray. Jerónimo de Mendieta vino en 1552: compuso su “Historia Eclesiástica Indiana” a fines del siglo, valiéndose de los papeles de sus predecesores; era ardiente defensor de los indios; Cuenta lo mismo que Motolinía, los favores que recibían del cielo; Y particularmente en el capitulo 24 del libro IV trae la aparición de la virgen el año 1576 al indio Xochimilco Miguel de san Jerónimo, quien la refirió al mismo p. Mendieta; Pero nada dice de nuestra Señora de Guadalupe ni tampoco en sus cartas que tengo algunas inéditas. Aun hay más, porque escribió de propósito la vida del señor Zumárraga, y calla todo el suceso.

 

En las demás crónicas de aquel tiempo, escritas por españoles indios, buscaremos también en vano la historia. Muñoz Camargo 1576, el p. Valdés 1579,etc.

 

El p. Sahagún vino en 1529 y debía estar bien enterado de la historia de la aparición, si esta hubiera acontecido dos años después Nadie como el trato con los indios: pudo conocer perfectamente a Juan diego y demás personas que figuraron en el negocio. A pesar de todo, dice terminantemente que “no se sabia de cierto el origen de aquella fundación”; Y por los dos pasajes citados se advierte con toda claridad que le desagradaba la devoción de los indios teniéndola por idolátrica y deseaba verla prohibida. Uno de sus fundamentos es que allí acudían en tropel los indios como de antes, mientras que no iban a otras iglesias de Nuestra Señora. Supuesta la realidad de la aparición, ninguna extrañeza podía causar al p. Sahagún que los indios prefiriesen el lugar en el que uno de los suyos había sido tan singularmente favorecido por la santísima virgen. Bien mirando, el testimonio del p. Sahagún es ya algo mas que negativo.

 

FRAY BERNARDINO DE SAHAGUN, ESA TONANZIN.

FRAY BERNARDINO DE SAHAGUN, ESA TONANZIN.

Por aquellos mismos tiempos preguntaba el Rey a don Martín Enríquez cual era el origen de aquel santuario; y el virrey contestaba con fecha 25 de septiembre de 1575, que por los años de 1555 o 56 existía una ermita con una imagen de Nuestra Señora, a la que llamaron de Guadalupe “por decir que se parecía a la del mismo nombre en España”, y que la devoción comenzó a crecer, porque un ganadero publico que había cobrado la salud yendo a aquella ermita. Vemos, pues, que el virrey mismo, con tener tantos medios de informarse y haber de dar cuenta al Rey, no alcanzo a saber el origen de la ermita: explica de donde vino a la imagen el nombre de Guadalupe y nos informa que la devoción había crecido por que se contó un milagro obrado allí.

 

          (Veamos el final de la carta de Icazbalceta)

 

Católico soy, aunque no bueno, Ilustrísimo Señor, y devoto, en cuanto puedo, de la santísima Virgen: a nadie quería quitar esta devoción: la imagen de la Guadalupe será siempre la más antigua, devota y respetable de México. Si contra mi intención, por pura ignorancia, se me hubiese escapado alguna palabra o frase mal sonante, desde ahora la doy por no-escrita. Por supuesto que no niego la realidad y posibilidad de los milagros: el que estableció las leyes bien puede suspenderlas o derogarlas; pero la Omnipotencia divina no es una cantidad matemática susceptible de aumento y disminución, y nada le añade ni le quita un milagro más o menos. De todo corazón quisiera yo que uno tan honorífico para nuestra patria fuera cierto, pero no lo encuentro así; y si estamos obligados a creer y pregonar los milagros verdaderos, también nos esta prohibido divulgar y sostener los falsos. Cuando no se admita que el de la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe es de estos últimos, a lo menos no podrá negarse que esta sujeto a gravísimas objeciones. Si estas no se destruyen las apologías producirían efecto contrario. En mi juventud creí, como todos los mexicanos, en la verdad del milagro: no recuerdo de donde me vinieron las dudas, y para quitármelas acudí a las apologías: estas convirtieron mis dudad en certeza de la falsedad del hecho. Y no he sido el único. Por eso juzgo que es cosa muy delicada seguir defendiendo la historia. Si he escrito aquí acerca de ella, ha sido por obedecer el precepto repetido de V.S.I. Le ruego por lo mismo, con todo el encarecimiento que puedo, que este escrito, hijo de la obediencia, no se presente a otros ojos ni pase a otras manos: así me lo ha prometido V.S.I.

 

Me repito de V.S.I. afectísimo amigo y obediente servidor, que su pastoral anillo besa.

 Joaquin GARCIA ICAZBALCETA

Al cual le presentaron supuestamente; LAS PRUEBAS DEL MILAGRO

 

 

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