EL EX CURA MIGUEL HIDALGO Y EL BICENTENARIO

El pasado 16 de septiembre, México celebró el Bicentenario de su Independencia, recordando a los héroes que nos dieron patria y libertad. Las figuras señeras de Hidalgo, Morelos, Allende, Aldama y Matamoros, entre otros, estuvieron presentes más que nunca en la memoria de millones de mexicanos que celebraron los logros de la gesta independentista.

Ante tal celebración, y a pesar de la efervescencia cívica que contagia a la mayoría de los mexicanos, resulta paradójico que no todos compartan la admiración por nuestros héroes patrios y, en algunos casos, éstos sean denostados sin reparo alguno. La anterior reflexión, es en referencia a las declaraciones de la jerarquía católica romana con motivo del Bicentenario.

Es un hecho histórico que la Iglesia católica romana, como institución religiosa, se opuso a la Independencia de México, apoyando al ejército realista con todos los medios a su alcance. Con el propósito de sofocar el movimiento insurgente, a sus caudillos y a las centenas de miles de simpatizantes que comulgaban con las ideas revolucionarias, la jerarquía eclesiástica echó mano del siniestro Tribunal de la Inquisición y de la excomunión. El objetivo: contrarrestar al ejército libertador que recién iniciaba esta lucha emancipadora.

El ex cura Miguel Hidalgo y Costilla, líder de la lucha armada, murió excomulgado y degradado como sacerdote católico. Semejante suerte corrieron otros clérigos como José María Morelos y Mariano Matamoros.

Robos, saqueos y excomuniones
Respecto a Miguel Hidalgo, el cardenal Juan Sandoval Íñiguez, durante una entrevista televisiva, expuso las supuestas razones por las cuales fue excomulgado por la Iglesia católica, exhibiendo el escaso conocimiento que sobre la historia de México tiene:
Haya sido lo que haya sido, cuando estuvo preso en Chihuahua antes de morir lo confesaron, lo auxiliaron, le dieron la comunión, lo sepultaron ahí […]. ¿Si hubiera estado excomulgado le hubieran dado la confesión…? Y si lo excomulgaron no fue porque se levantó en armas, que quede claro, fue porque ya levantado en armas fue (sic) y anduvo violando en conventos, para sacar los bienes o para ultrajar a las religiosas…1

La ignorancia histórica del arzobispo de Guadalajara no tiene parangón, como se puede demostrar consultando los archivos y fuentes documentales de la época, en los que ha quedado registrado el verdadero papel que jugó la jerarquía católica mexicana durante la Guerra de Independencia.

En primer lugar, es necesario dejar en claro que los edictos de excomunión pronunciados en contra del ex cura Hidalgo por la jerarquía católica de la época, están plenamente demostrados por diversos autores, desde Toribio de Medina, en su Historia del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, hasta el conservador Lucas Alamán, historiadores que reprodujeron y comentaron los documentos de su proceso.

Lucas Alamán, ideólogo del conservadurismo y enemigo de Hidalgo, reconoció ese hecho al afirmar en su Historia de Méjico que
Las armas de la Iglesia se empleaban también con el mayor empeño para reprimir la revolución. Luego de que el obispo electo de Michoacán, Abad y Queipo, tuvo conocimiento de ella, publicó el 24 de septiembre un edicto, en el que calificaba a Hidalgo y sus compañeros de perturbadores del orden público, seductores del pueblo, sacrílegos y perjuros, declaró que habían incurrido en la excomunión mayor […] prohibió, bajo la misma pena de excomunión mayor, que se les diese socorro, auxilio y favor, y exhortaba y requería, bajo la misma pena, al pueblo que había sido seducido y seguía al cura con título de soldados y compañeros de armas, a que lo desamparasen…2

Falta a la verdad el cardenal Sandoval cuando afirma que la excomunión al prócer no se dio “por haberse levantado en armas”. Los edictos de excomunión expedidos por los arzobispos, obispos y el tribunal de la Inquisición, entre 1810 y 1811, tenían la consigna de desacreditar al ex cura Hidalgo ante el pueblo como “hereje”, “cismático”, “sacrílego”…, en el momento en que éste era líder de dicho movimiento.

Cuando el arzobispo acusa al prócer de perpetrar ultrajes en agravio de las religiosas, y añade que esa fue una de las razones por las que fue excomulgado -a semejanza de los inquisidores del siglo XIX-, recurre a la ficción e inventa un delito que sus predecesores en el episcopado jamás conocieron. De las 53 acusaciones que la Inquisición imputó a Hidalgo, en ninguna aparece el abuso sexual en contra de monjas; como tampoco existe registro en alguna fuente documental de la época.3 ¿De dónde sacó Sandoval semejante disparate?

Al referir que la Iglesia católica excomulgó a Hidalgo por haber perpetrado “saqueos” y “robos” a la población, el arzobispo omite decir que estos actos fueron cometidos espontáneamente por la plebe que acompañaba a su párroco, no por mandato de éste. El hambre, la injusticia y la pobreza extrema que reinaba en la época del virreinato, fueron los verdaderos móviles de dichos saqueos, pues mientras que los arzobispos, mitrados y canónigos, junto con los virreyes y demás funcionarios peninsulares, vivían holgadamente y con grandes lujos, el pueblo vivía en condiciones deprimentes. Estos “saqueadores”, a pesar de la excomunión y del acoso de la jerarquía eclesiástica, terminaron siendo héroes anónimos.

El arzobispo tapatío, en contraste, construye en su diócesis un santuario dedicado a los beatos “cristeros” que, de acuerdo con diversos autores, algunos de ellos -como es el caso de Miguel Gómez Loza- cometieron sabotajes y actos terroristas. Otros, sin realizar actos semejantes, daban la bendición a los “cristeros”, cuya crueldad, en palabras de Carlos Monsiváis, era descomunal: “[los cristeros] desorejan maestros, violan a profesoras delante de sus alumnos, vuelan trenes, fusilan civiles, torturan…”.4

Inconsistencias en la “confesión” de Hidalgo
Cuando el cardenal refiere que el ex cura de Dolores se “confesó” antes de morir, omite precisar las inconsistencias canónicas de dicho acto penitencial, en virtud de que la confesión impuesta al prócer quedó en entredicho, por tres razones fundamentales:

1. El Código de Derecho Canónico de la época establecía las características de las confesiones no válidas: “La absolución obtenida por medio de violencia, miedo o fraude es inválida…”.5 La violencia ejercida contra la persona de Hidalgo fue evidente a lo largo de su proceso inquisitorial, como lo documenta el presbítero Agustín Rivera, quien afirma que Hidalgo fue mantenido en prisión “con grillos en los pies y atadas las manos”.6

2. El canónigo Francisco Fernández Valentín, legado del Obispo de Durango, impuso como confesor de Hidalgo al sacerdote José María Rojas, el mismo que meses antes había formulado a su arbitrio la “retractación” de aquél, obligándole a que la firmase por escrito.7 El texto de “abjuración” arrancado al prócer, fue hecho público por los eclesiásticos con el propósito de “desconcertar a los insurgentes y para disminuir los méritos del cura en menoscabo de su heroísmo”.8

3. La blasfemia fue una de las 53 acusaciones que la Inquisición imputó a Hidalgo, al que acusó de apóstata y hereje por negar algunos dogmas católicos.9 A este respecto, la Biblia señala que “todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu Santo no les será perdonada” (Mateo 12:31). ¿La penitencia impuesta por el confesor de Hidalgo sería suficiente para borrar la blasfemia que según los evangelios canónicos es imperdonable?

A propósito de la comunión…
El cardenal Sandoval, como era de esperarse, no ofrece elementos que prueben que el ex cura Hidalgo recibió el sacramento de la comunión antes de ser pasado por las armas. Lucas Alamán, Carlos María de Bustamante, José María Luis Mora y Lorenzo de Zavala, historiadores de la guerra de Independencia, no registran el momento en que el “Padre de la Patria” haya recibido, previo a su muerte, el sacramento de la comunión.

Esta privación tenía sustento en el Código de Derecho Canónico de la época, el cual señalaba que un clérigo excomulgado estaba impedido “del uso activo y pasivo de los sacramentos y, por lo tanto, no podía administrarlos ni recibirlos”.10

¿Sepultura eclesiástica o cementerios bajo el dominio del clero?
Respecto a la privación de “sepultura eclesiástica” a los herejes, apóstatas y excomulgados, como fue el caso de Hidalgo, cabe recordar que esta norma se había relajado a partir del siglo XVIII en la Nueva España, para evitar escándalos y los muchos peligros de las “conciencias timoratas”. Se permitía, entonces, que los restos de un excomulgado fueran enterrados en “lugar sagrado” aun sin haber recibido la absolución.11 Que el ex cura de Dolores y sus compañeros de milicia hayan sido enterrados en dichos predios no significaba necesariamente que hubieran permanecido en plena “comunión” eclesial, sino a que “la Iglesia era el propietario más rico de México”, 12 tanto en propiedades inmobiliarias como terrenos rústicos. Fuera de los cementerios bajo el dominio del clero, ¿qué espacio se podía utilizar como “sepultura eclesiástica”?

Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez, después de haber experimentado las torturas y vejaciones a que fueron sometidos por el Tribunal de la Inquisición, siendo fusilados y posteriormente decapitados. Sus cabezas permanecieron exhibidas en jaulas colgantes durante diez años, lapso en que la Iglesia católica, cual madre amorosa para con sus hijos espirituales, a cuyos cuerpos había dado sepultura, permitió que por más de una década las cabezas de estos héroes estuvieran separadas de sus cuerpos y fueran exhibidas para escarmiento de las hordas insurgentes.

Degradación sacerdotal, condición para la ejecución de Hidalgo
El 27 de julio de 1811, el canónigo Francisco Fernández Valentín degradó al cura Hidalgo. Luego de haber raspado con un cuchillo y sin piedad alguna las manos y las yemas de éste, expresó: “Privo para siempre por esta sentencia definitiva al nominado don Miguel Hidalgo y Costilla de todos los beneficios y oficios eclesiásticos que obtiene, deponiéndolo como lo depongo por la presente de todos ellos”.13 En dicho proceso degradatorio, al ex cura Hidalgo se le raspó con un cuchillo la piel de su cabeza, con el fin de quitar el “santo crisma” (aceite) con que había sido consagrado como religioso. Con esta vejación pública, el “Padre de la Patria” fue reducido al estado laical de manera irrevocable, tal y como lo establecía el Pontifical Romano de la época.

Si Hidalgo no hubiese sido degradado, no sólo los soldados que lo fusilaron habrían incurrido en excomunión mayor por atentar contra la vida de un religioso, sino también los que dieron la orden, tal como lo establece el canon 15 del Concilio II de Letrán, del año 1138:
Si alguno, persuadido por el diablo, comete el sacrilegio de poner manos violentas en la persona de un clérigo o de un monje, queda atado con el lazo del anatema [excomunión] y ningún obispo pueda absolverlo […] hasta que se presente en la Sede Apostólica y cumpla lo que se le mande.

El canónigo Jesús Gutiérrez García, explica que “no solamente los que ponen manos violentas en la persona de un clérigo o de un monje” son sujetos de excomunión mayor, “sino los que lo mandan, con tal que el mandato sea ejecutado”.14 De acuerdo con lo anterior, la degradación de Hidalgo fue un hecho consumado e irrevocable, pues, de no haber sido así, todos los que intervinieron en su encarcelamiento, vejación y posterior ejecución, habrían sido excomulgados ipso facto, bajo la forma latae sententiae.

Miguel Hidalgo murió excomulgado
El cardenal Juan Sandoval, al denostar a Hidalgo, lo convierte tácitamente en un traidor a sus principios revolucionarios; alguien que fue obligado a abjurar del movimiento insurgente y renegar de sus ideales libertarios. Ante tal despropósito, ¿qué festeja la Iglesia católica en este Bicentenario?

El ex cura Miguel Hidalgo murió excomulgado por la Iglesia católica por diversas causas; una de ellas, de acuerdo al edicto emitido por el obispo Manuel Abad y Queipo, el 24 de octubre de 1810, mismo que fue avalado por el arzobispo Francisco Javier de Lizana, de México, y los obispos de Puebla, Oaxaca y Guadalajara, respectivamente, fue por “haber atentado contra la persona y libertad del sacristán de Dolores, del cura de Chamacuero, y de varios religiosos del convento del Carmen de Celaya…”.15

La excomunión mayor del canon, se daba cuando alguien “ponía las manos violentas sobre un clérigo”, como ya se dijo. Esta excomunión la decretó el papa Inocencio II en el Concilio de Letrán: “Si alguno […] pone las manos violentas sobre un clérigo o un monje, queda sometido bajo el vínculo de la excomunión y ningún obispo pretenda absolverlo…”.16 La excomunión por golpear a un clérigo (llamada del canon), era de las reservadas en el derecho al papa, quien era el único que podía levantarlas. En el caso de las excomuniones de Hidalgo, el papa Pío VII (1800-1823) jamás absolvió al ex cura de Dolores de dichas censuras, como tampoco lo han hecho sus sucesores. La excomunión del caudillo insurgente, en consecuencia, continúa vigente hasta el día de hoy.

En México nos sentimos satisfechos de la obra de Hidalgo y de los insurgentes que al lado suyo le dieron a los mexicanos patria y libertad, oponiéndose a la voluntad de una Iglesia que no tuvo compasión ni misericordia de un hijo que procuró con los medios a su alcance la libertad para un pueblo oprimido; ese hijo que antes de morir explicó las causas de todos sus males:

Todos mis delitos traen su origen en el deseo de vuestra felicidad; si éste no me hubiese hecho tomar las armas, yo disfrutaría una vida dulce, suave y tranquila […] Abrid los ojos americanos; no os dejéis engañar de nuestros enemigos. Ellos no son católicos sino por política: su Dios es el dinero, y las conminaciones sólo tienen por objeto la opresión…17

Doscientos años después del inicio de la independencia, los mexicanos nos alegramos en los héroes y libertades que gracias a ellos disfrutamos. Pero, ¿qué festeja una Iglesia que excomulgó a los que lucharon por la independencia de México y a quienes simpatizaban con este movimiento? ¿Qué celebra la institución que reconoció la Independencia de la entonces llamada Nueva España hasta 1836, ocho meses después de la fecha en que España reconocía a México como nación libre e independiente?

A pesar de la pena canónica (excomunión) que aún pesa sobre más de 100 millones de mexicanos por simpatizar con el ex cura y su movimiento revolucionario, hoy reiteramos que “aprobamos la sedición de Hidalgo y sus proclamas”, gracias a las cuales vivimos libres del yugo extranjero.

¡Viva México! ¡Viva la Independencia! ¡Viva el ex cura Hidalgo!

NOTAS
1 Esta entrevista fue difundida en el noticiero “GDL Noticias”, de Televisa Guadalajara, el 4 de enero de 2010 (www.youtube.com/watch?v=O5Z0kGAhClE).
2 Lucas Alamán, Historia de Méjico, Jus, México, 1972, pp. 250-251.
3 Cf. J. Hernández Dávalos, Colección de documentos para la historia de la Guerra de Independencia de México de 1808 a 1821, Tomo II.
4 Carlos Monsiváis, El Estado laico y sus malquerientes, UNAM, México, 2006, p. 105.
5 Pedro Murillo Valverde S. J., Curso de derecho canónico hispano e indiano, Tomo IV, El Colegio de Michoacán-UNAM, México, 2005, p. 273.
6 Agustín Rivera Sanromán, El joven teólogo Miguel Hidalgo y Costilla, UMSNH, Morelia, 1987, p. 181.
7 Melchor Sánchez Jiménez, Hidalgo, antorcha de la eternidad, UMSNH, Morelia, 1994, p. 416.
8 Ídem.
9 Antonio Pompa y Pompa, Procesos inquisitorial y militar seguidos a don Miguel Hidalgo y Costilla, UMSNH, Morelia, 1984, p. 145.
10 Murillo Valverde S. J., op. cit., p. 311.
11 Ídem, p. 311.
12 Robert J. Knowlton, Los bienes del clero y la Reforma mexicana, 1856-1910, FCE, México, 1985, p. 31.
13 José María Luis Mora, México y sus revoluciones, Tomo III, Porrúa, México, 1965, p. 144.
14 Jesús García Gutiérrez S.J. et. al , Dictamen sobre las excomuniones del cura Miguel Hidalgo, Toluca, 1953, p.13.
15 Genaro García, Documentos inéditos o muy raros para la historia de México, v. 60, Porrúa, México, 1975, p. 392.
16 García Gutiérrez S.J., op. cit., p.13.
17 Ídem, pp. 402-403.


Ministerio de Comunicación Social
Iglesia La Luz del Mundo, A. R.
http://www.lldm.org
Guadalajara, Jal., a 15 de septiembre de 2010

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